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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar y escribir.

jueves, 10 de junio de 2010

Arequipa

Estamos en Arequipa, la ciudad blanca. Un lugar con un gran legado histórico y arquitectónico. El centro histórico es precioso, y se destaca por las construcciones el piedra sillar de color blanco tiza. La catedral, las iglesias y muchos edificios están realizados en esa piedra labrada por manos indigenas. La plaza de armas es también muy linda. No estamos durmiendo en el trailer, el cachivache y la camioneta están en un estacionamiento, y nosotros estamos en el hostel Home Sweet Home, que para variar está lleno  gringos.
Con Geral, estuvimos el año pasado en Arequipa, y debe haber cambiado el intendente porque este año notamos un montón de mejoras en la ciudad, entre ellas una peatonal que ha puesto en valor un montón de edificios antiguos, nuevos y modernismos semáforos (y parecen respetarlos más que el año pasado), menor cantidad de vendedores ambulantes invasivos, y el camión de la basura tiene música. Los chicos fueron a ver a la momia Juanita, nosotros no porque ya la vimos el año pasado. No fuimos al convento de Santa Catalina porque la entrada es onerosa, nosotros fuímos el año pasado, y no sabemos si a los chicos les interesará. Entoses para no gastar plata al pedo, evitamos la visita al convento. Cuando fuimos con Geral el año pasado nos encantó.
Javí se compró una galera, dice que la va usar para tocar en Dry Stout (su grupo de música celta), no sólo se la compró, sino que se la puso para pasear por la plaza de armas, quedaba de lo más original con la galera y la chaquetilla del ejercito peruano que le regalo en Puno, Dante uno de nuestros amigos peruanos.

Ayer a la noche estuvimos festejando el cumpleaños de Martín, Geral hizo una torta con galletitas, manjar blanco (triste versión chileno-peruana de nuestro insuperable dulce de leche), quaker y otros mejunjes. También fuimos a comer a un boliche donde probamos comida típica peruana... Chicharron de Cerdo, Lomo Salteado a la chacarera, y jugos espectaculares de frutas tropicales. Yo me pedí uno que se hace con agua, malta y lúpulo (lease cerveza)

Pasado mañana partimos al Cañon del Colca, donde pasearemos 2 o 3 días, y luego nos vamos a la capital del imperio Inca, Cusco.

lunes, 7 de junio de 2010

2010, Llegamos a Perú



Nuestra entrada a Perú se vió retrasada por un desfile cívico militar que se hace el último domingo de mes en pos de profundizar los lazos entre Bolivia y Perú. Cuando llegamos a la frontera de Yunguito las fuerzas vivas de ambos países estaban estaban a full,  pronunciaban discursos, tocaban bandas y desfilaban de un lado para el otro de arco que separa ambos países, pero sobre todo lo que hacían era interrumpir el paso de aquellos que deseábamos pasar por la frontera. Así que no nos quedo otro remedio que esperar unas dos horas en el lugar y hacer sociales con una pareja de polacos que están dándose una vuelta por Sudamérica en dos motos. Hella y Rafael, nos contaron los problemas que habían tenido con las autoridades bolivianas, quienes intentaron cobrarles una coima enorme alegando que sus motos nunca habían sido introducidas legalmente en Bolivia, sino técnicamente de contrabando, les pedían un papel que en el ingreso a Bolivia jamas les habían dado. Tal esa así que pasaron toda la noche en el atrio de una iglesia ubicada a pasitos de la frontera porque la policía boliviana no les dejaba sacar las motos del país si no pagaban la supuesta "multa". Pero fue a la noche cuando vieron movimientos extraños en la frontera, algunos camiones que pasaban sin ser revisados y pagaban algo así como un salvo conducto para practicar el contrabando. Hella y Rafael filmaron un video, y le hicieron creer a la policía que este ya estaba en internet. Bueno, con esta tramoya intimidatoria para los uniformados lograron sacar las motos de Bolivia. Nosotros no tuvimos problemas tan graves con la policía boliviana para salir del país, pero nos exigieron 10 soles en concepto de tasa de salida (lease coima de salida). Cuando yo pregunte ¿Cómo diez soles, si estamos en Bolivia y no en Perú aun... Y que eso de la tasa de salida....? Me dijeron, bueno señor no se enoje.... A voluntad, a voluntad... Les dí 10 bolivianos a desgano (que es mucho menos que diez soles). No es buena idea pelearse con la Policía Boliviana, o con la de cualquier país, pero da bronca la actitud indigna y deshonesta de los tipos.

Luego del desfile, y de un trato correctisimo por parte del personal de migraciones, la policía y las autoridades aduaneras peruanas logramos ingresar a Perú. A poco de andar, en el primer pueblo decidimos llamarlo a Daniel Arbizu, el médico de mis hijos,  a la  Argentina porque si bien Facundo había mejorado de sus mal estar gástrico, no estaba del todo bien. No logramos comunicarnos con su celular por desinteligencias  comunicacionales entre centrales telefónicas, sin embargo logramos hacer una comunicación indirecta llamando a un teléfono fijo a Melisa (la hermana de Geraldine), ella habló con él y nos comunicó que Daniel opinaba que la medicación recetada por los médicos bolivianos era la adecuada, que sólo había que esperar sus efectos en los siguientes tres días. Eso nos tranquilizó.

En Copacabana habíamos conocido a un peruano, Dante, especialista en la cría de truchas y otros peces, que nos había ofrecido la posibilidad de que estacionáramos nuestro trailer y camioneta en el parqueo de la empresa que trabajaba, eso quedaba en Puno, nuestro primer destino. Quedamos con Dante, en encontrarnos antes de Puno, porque él estaba haciendo unos trabajos en una estaciones de piscicultura a orillas de Titikaka, que quedaban en nuestro trayecto. Teléfono, va teléfono viene, finalmente nos encontramos con nuestro amigo Dante en Ilabe, un pueblo pequeño tristemente famoso porque sus habitantes  lincharon  hace algunos años a su alcalde, argumentando que las cuentas municipales no estaban claras. Desde entonces no se quien querrá ser alcalde de Ilabe. 
Nos apretamos en la camioneta y Dante siguió viaje con nosotros con destino a Puno, en el camino nos llevó a conocer una estación de psicultura perteneciente a una universidad, y a visitar el templo del amor. Miren la foto y verán porque le dicen templo del amor.

Luego de la visita al templo, seguimos con Dante, rumbo a Puno. Todo iba bien hasta que nos paró la policía. Como es lógico, el uniformado que nos paró exigió la documentación de la  camioneta, mi registro de conducir, y el seguro. Nosotros le entregamos todo, peo al vigilante no le convencía la documentación del seguro, y comenzó a dar vuelta.... que no quedaba claro hasta cuando cubría la poliza, y si era vigente o no en el Perú. Geral, buscaba los papeles, y la conversación con el uniformado iba con carriles amables. Pero repentinamente Dante, nuestro tripulante peruano, comenzó a gritarle al policía, tratándolo de coimero. La cosa se puso fea, el policía empezó decirle que lo iba meter preso y Dante a decirle que lo hiciera si era valiente, porque conocía gente que le haría sufrir las consecuencias de haberlo detenido. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores porque Geral, justo encontró un recibo que demostraba que todo estaba en regla. El policía, nos dejó seguir nuestro camino, pero antes nos advirtió de la inconveniencia de andar con gente de la calaña de Dante en nuestro carro. Yo prometí apearlo de la camioneta y no relacionarme más con él, mintiendo naturalmente, apenas  llegará a Puno. Luego de este episodio, cargue un poco a Dante con lo que había sucedido, pero note que el peruano se enojaba. Me decía ¡No me vasiles! ¡No me vasiles! Muy molesto...así que opte por no mencionar más el asunto.

Cuando llegamos a Puno, el estacionamiento en cuestión resultó ser un lugar repleto de moto taxis, autos, bici taxis, y para nada bonito; sus inmediaciones tampoco eran para entusiasmar a nadie porque consistían en un suburbio bastante sórdido. Sin embargo, fue una gran ayuda la que nos dió Dante al conseguirnos el lugar, Puno es una ciudad grande y no hay muchas opciones para acampar, además estábamos muy cerca del centro y era seguro porque después de las diez de la noche cerraban sus puertas con nosotros adentro . El lugar, a pesar de su fealdad resultó una excelente base de operaciones para nuestro 3 primeros días en Perú. 
En Puno, visitamos su peatonal algo bonita, y el museo Carlos Dreyer (pintor y coleccionista Alemán de las antigüedades vivió Puno, a orillas del lago Titicaca, por más de 30 años y con una especial sensibilidad, tomo mucho interés por las culturas del altiplano. Carlos Dreyer nació en Alemania y vivió en Puno durante mas de treinta años. Las técnicas pictóricas que domino fueron el óleo, la acuarela, el carbón y el lápiz. En el museo hay una importante colección de objetos arqueológicos). 
Puno también sirvió para conseguir soles (moneda peruana) a un precio ventajoso, que nunca más logramos en el resto del Perú.










sábado, 5 de junio de 2010

Isla del Sol


Día 41  Isla del Sol
 5 de Junio de 2010
Ver fotos en:
  http://picasaweb.google.com/hobbitsaventureros/


Facundo, seguía sintiéndose mal, y no tenía ganas ni fuerzas para ir a la Isla del Sol.  Como la noche anterior cuando ya estábamos acostados llegaron los chicos argentinos que habíamos conocido en Tiwuanaco, y se estacionaron con su Chancha  Viajera al lado de nuestro tráiler, decidimos que Facu se podía quedar en Copacabana descansando; mientras nosotros hacíamos la excursión a la Isla del Sol. Todos los días anteriores en Copacabana se presentaron soleados, pero el 5 amaneció lluvioso. De todos modos decidimos hacer la excursión. Cuando llegamos al puerto el barquito, ya había partido, pero con otro barco lo alcanzaron y nos hicieron abordarlo. Una vez, en el barquito que casi perdemos, comprobamos que la parte cubierta (piso inferior) estaba repleto y que para estar bajo techo era necesario viajar parados. Nos quedamos parados un rato parados bajo un alerito, pero el timonel que controlaba los motores fuera de borda nos dijo que había que equilibrar el peso y que teníamos que ir arriba, donde por supuesto quedábamos indemnes antes la inclemencias del tiempo. Subimos arriba, sin discutir, la embarcación no generaba mucha confianza por su  construcción. Como dice el tango garuaba y hacía frio, y a medida que avanzábamos hacia el horizonte del inmenso lago Titicaca el clima se ponía peor. La garua se iba convirtiendo en franca lluvia, no torrencial, pero lluvia  que ponía prueba nuestra ropa técnica, el viento era helado. Dos horas de navegación nos separaban de la  Isla de Sol, y nos estábamos cagando de frío. En una de esas aparece se sobre la cubierta superior un hombre con su celular, y sin importarle mucho los desarreglos climáticos se puso a hablar aparentemente de negocios. Luego de hacer un par de llamadas, se dirigió a nosotros criticando el servicio que prestaban las lanchas que van la Isla de Sol, y luego nos preguntó de dónde éramos.  Palabra va, palabra viene, resulto que Dante era un biólogo peruano especialista en truchas residente en Puno. Charlamos un rato, y nos ofreció el estacionamiento de la empresa donde trabajaba en Puno como lugar para que pudiéramos dormir en el tráiler cuando llegáramos a Puno. El tema de las truchas era muy interesante, y lo escuchábamos atentamente, pero llego un momento que la lluvia era insoportable, así que decidimos bajar  a la cubierta inferior techada. El timonel resongó un poco cuando aparecimos   abajo, argumentando no se qué cosa de la distribución del peso, y yo le dije: ¿Por qué no va usted a mojarse arriba? Finalizada la discusión nos quedamos abajo del techito, parado. s en el pasillo.




Cuando llegamos a la Isla del Sol el Clima había mejorado considerablemente, la lluvia había parado y Febo tímido intentaba asomarse entre las nubes. La Isla del sol es un lugar muy lindo. Sus senderos peatonales y construcciones de adobe y paja son preciosos. Apenas llegamos fuimos recibidos por Juan, un guía local que hablaba el castellano con mucha dificultad, y que sus conocimientos no desbordaban, Había que ver la cara de los gringos tratándole de entender al hombre ya entrado en años. Los guías  de la isla, son lugareños más duchos en hablar el aimara que el castellano. Gente muy humilde, descendientes de los habitantes prehispánicos del lugar. Primero Juan, nos llevo al Museo del Oro, una franca vergüenza porque no había oro y la palabra museo le quedaba enorme. Luego continuamos el recorrido por senderos que se adentran en la isla, y que siempre suben. Mi asma, y disminuida capacidad pulmonar empezaron a pasarme su factura. Geral , Javi y Martín  me iban esperando, mientras yo sufría los   embates de la altura y el declive del terreno. Sin embargo las vistas que la montaña nos ofrecía del Titicaca valían todas las penurias. Las aguas del lago sagrado de los  pueblos Aimara y Quechua se mostraban cristalinas de un color verde esmeralda profundo, y las playas eran de arenas blancas.  Por suerte el sol había salido y brillaba calentándonos y secando nuestras ropas mojadas.  Camperas y abrigos fueron a parar a las mochilas. Juan nos llevo a algunos sitios arqueológicos que  hay en la isla, y nos mostró unas enormes rocas que según él eran sagradas y tenían inagotables fuentes de energía capaces de curarlo todo. También él veía figuras en las rocas que a nosotros francamente nos costaba divisar. Cuando fijábamos la vista en las rugosas superficies veíamos ciertos rasgos antropomorfos que podían representar, como decía Juan, a Viracocha, pero también al Capitán Piluso o al General Perón. Lo mismo sucedía con las figuras zoomorfas, el pretendido puma (en aimara: Titi)  podía ser un perro o un hipopótamo, ustedes saben, la imaginación no tiene límite. Pasamos por algunas piedras de sacrificio, y seguimos caminando. Yo me valía del bronco-dilatador que llevaba en el bolsillo y de una ramita que Juan , el guía, me había dado para que oliera. Debo decir , que no se si era sugestión o propiedades medicinales de yuyo, pero me hacía bien aspirar el agradable olor de la plantita.  Caminando, caminando llegamos a unas ruinas incaicas consistentes en algunos paredones de pirca muy simples. Allí Juan se despidió, y vino el mangazo. Diez Bolivianos por persona. La contribución no era obligatoria, pero el guía se paraba en el único acceso que tenían las ruinas y cuando querías salir la marca que ejercía era tan efectiva como la de Pasarela. Negociamos por un poco menos, después de todo una propina teníamos que darle, el pobre hombre de algo tiene que vivir.  























Llegada esa instancia había dos posibilidades, volver al puerto donde habíamos llegado y abordar el mismo barco que nos trajo para circunnavegar la isla hasta el puerto que estaba del otro lado. O agregar unos 6 kilómetros más de caminata al kilómetro que ya habíamos hecho para llegar al otro puerto por tierra atravesando la isla. De más está decir que optamos por esta última alternativa. Yo siempre me pregunto, porque me gusta tanto el trekking de montaña siendo que lo sufro tanto. Bueno sarna con gusto no pica. Un sendero empedrado, subía y subía, y cuando parecía que llegábamos al a cima, desde la elevación veías un tramo de bajada y nuevamente un caminito que subía. Las vistas eran hermosas y la tórrida vegetación de la isla era conmovedora luego de haber transitado tanto desierto en este viaje. Pero mi esfuerzo era penoso. Íbamos atravesando pequeños caseríos habitados por gente con ropa típica que cuidaba ovejas y cultivaba su huerta. La isla del sol carece de la contaminación visual y de basura que arruinan otros lugares hermosos de Bolivia. Luego de caminar unas 2 horas, comenzamos a bajar un cuesta que desembocaba en el puerto y atravesaba un poblado muy pintoresco. La Isla del Sol tiene unos 2000 habitantes, y cuenta con cierta infraestructura turística, pequeños hoteles (algunos muy bonitos) y restaurancitos. Fuimos descartando lugares donde comer, para buscar alguno en el puerto. Cuando llegamos al final de la caminata ya eran cerca de las 15:30, hora en la que partía en barco, no tuvimos tiempo para comer. Estábamos agotados y famélicos pero para comer teníamos que esperar a volver a Copacabana.  











El viaje de regreso fue tranquilo, la mayoría de la gente que se apiñaba a la ida en la cubierta inferior techada, ahora disfrutaba del sol en la cubierta superior. Nosotros optamos por ir abajo y sentarnos bajo techo en las sillas de Jardín de Infantes que tenía la embarcación. Charlamos un rato con Dante, de quien nos habíamos separado porque él había ido a la isla a hacer un trabajo con una Notebook y una especie de pistola que mide la polución, pues según dijo, él forma parte de un proyecto binacional (Boliviano-Peruano) que mide la capacidad de carga del Lago Titicaca. Llegamos a Copacabana, y vimos como estaba Facundo. Seguía decaído y con diarrea, se había pasado todo el tiempo en el tráiler acostado mirando unas películas, y había rechazado las invitaciones de los argentinos de la Mitsubishi L300 para evitar alejarse de Practy Potty (el inodoro químico). Charlamos un poco con nuestros amigos argentinos, y se lo presentamos a Dante, nuestro nuevo amigo peruano. Luego fuimos con Dante, a uno de los Bolichitos que estaban frente del tráiler, y como no podía ser de otra manera, ajusticiamos sendas truchas y algunas cervezas “Paceñas”. Quedamos con Dante, en encontrarnos al otro día en Yunguyo, el pueblo Peruano que está Justo en la frontera, el nos llevaría a unos criaderos de Truchas para que viéramos como es la explotación de ese recurso en el Titicaca. Luego del almuerzo-cena, Dante partió, y nosotros nos quedamos un rato largo charlando con los argentinos.





 





martes, 1 de junio de 2010

Bolivia - La Paz - Copacabana


Día 37
1 de Junio de 2010


Las Fotos del viaje están en 




http://picasaweb.google.com/hobbitsaventureros/

Partimos del Camping Overland, luego de despedirnos de nuestros vecinos de múltiples países con los que habíamos hecho muy buenas migas. Estaban los chicos que  vivían en Canadá pero ella, era Neozelandesa y él alemán, que dicho sea de paso estaban reparando la tapa de cilindros de su Combi Volkswagen  y tenían el motor desarmado en el camping. Había un matrimonio de alemanes jubilados prematuramente por su rechazo al trabajo con un camión Iveco enorme 4x4, que llevaban 5 años de viaje. Un  joven suizo viajaba por América en su van Dodge con señoritas de diversas nacionalidad que lo acompañaban tramo a tramo en el viaje, o sea bajaba una y subía otra  (esto es lo que Roni le confesó a Javi); el suizo conocía bastante de la Argentina por haber estado allí y había aprendido a hacer pequeñas  cosas truchas. Dos matrimonios franceses viajaban con sus hijos muy pequeños en sus Motorhomes, se mostraron muy amables y nos contaron sus historias; uno de los muchachos me contó que era contador de una empresa francesa y que cuando vino la crisis europea le dijeron que si renunciaba le pagaban una indemnización que le sirvió para comprarse una Motorhome de 32.000 euros y para vivir 4 o 5 años en Sudamérica viajando. Dijo que cuando se le acabe la plata verá. Para terminar, entre los acampantes también estaban los matrimonios   mixtos, un francés viajaba con su mujer chilena y su hijito discapacitado. Fue emocionante despedirse de toda esta gente con la que convivimos sólo tres días, pero que logró hacerse querer. Más halla de los colores, nacionalidades, estaturas e idiomas, los seres humanos nos parecemos tanto en algún punto. Antes de dejar el Hotel Camping Overland, tuve la oportunidad de charlar con Walter, el dueño del lugar, un suizo que hace 18 años que vive en Bolivia. Cuando argumente que su cambio de residencia había sido muy grande porque los dos países son muy diferentes, me dijo: No! Son parecidos, ambos no tienen mar y tienen montañas. 

Además tuvimos que pasar por los suburbios de La Paz conocidos como EL ALTO, lo que es caótico de verdad.








Para llegar a Tiawuanaku (o Tihuanaco, Tiwuanaku, etc, se lo ve escrito de diferentes formas), fue necesario atravesar el caos de La Paz, una vez más, enfrentando su desordenado transito, pero también disfrutando de vistas tales como: Los hombres cebra que intentan ordenar el desorden del transito creando conciencia el los conductores (no se si los bolivianos entienden el concepto,  porque escuchamos que hace poco habían pisado a uno); algunas plazas pública y personajes de la ciudad; y el edificio de la "Cervecería Boliviana Nacional"






















      



 Superado este escoyo, solamente 70 kilómetros de ruta de altiplano nos separaban de una de las ruinas  más reputadas de América.  Llegamos al pueblo y buscamos un camping o un hotel que tuviera estacionamiento como para acampar, las ofertas no nos convencieron, entonces decidimos quedarnos frente en el estacionamiento que está entre el museo y las ruinas. Allí había unos quinchos con asientitos como para hacer picnic. Lloramos sin éxito para que nos bajaran en precio de la entrada a las ruinas y los museos. Pagamos 80 bolivianos (47 pesos argentinos) por cabeza, como estaba establecido. No nos quejamos, porque el precio no es excesivo. También le pagamos 60 bolivianos a nuestro guía, Benigno, por sus servicios. Benigno era un lugareño con grandes conocimientos y actitudes para transmitir el legado de la cultura Tiawuanaku. Está se desarrolló entre el 1500 A.C hasta después del 1300 D.C. Está civilización, como podemos ver, tuvo un período muy prolongado en la historia. Para comparar, podemos decir, que el imperio Inca duro sólo un siglo. Los Incas toman este legado, y utilizan su conocimiento para desarrollar su cultura. Obviamente que los Tiawuanaku no fueron esplendorosos todos esos  años, tienen un período denominado clásico en el que construyeron sus mejores obras arquitectónicas.   Visitamos las ruinas , y pudimos apreciar los yacimientos arqueológicos que fueron desenterrados, y en parte reconstruidos en base a los estudios de los arqueólogos. Gran parte de la pirámide de Tiawuanaku aun está enterrada. Vimos a los arqueólogos realizando excavaciones con equipos de  trabajo conformados por campesinos del altiplano Boliviano, pero no pudimos sacar fotos que documenten la tarea que realizaban porque por motivos de seguridad está prohibido. Parece que hay paparazzis arqueológicos que le venden la información a los medios especializados antes de que los arqueólogos publiquen sus propias conclusiones. Tampoco pudimos fotografiar las piezas que se encuentran dentro del museo, como es el caso de un inmenso monolito de ocho metros que estuvo emplazado varias décadas frente al estadio de futbol de La Paz, hasta que lo devolvieron a su lugar de origen. Si pudimos tomar fotos de la puerta del sol, de los templos a cielo abierto, y de las multiples representaciones como el dios Viracocha, el hombre puma, los peces y las representaciones de sacrificios humanos que el felino humanoide gustaba de hacer. La explicación de Benigno, fue muy interesante y muy ilustrativa. Pudimos ver los restos, de una enorme cruz andina emplazada en el terreno, que está perfectamente ubicada con respecto a los 8 puntos cardinales, y que servía como calendario solar a los hombres de entonces para tener certeza con respecto a las cosechas, siembras,  pariciones de las llamas y demás comportamientos de la naturaleza que afectaban su economía. Parte de esta obra maestra fue destruida por los conquistadores españoles que ignoraban para que servía y que sentido tenían tales construcciones. Muchas de las Piedras de Tiawanaku fueron sacadas para construir edificios hispanos, y posteriores a la época de la conquista. El yacimiento arqueológico comenzó a ser escavado a principio del siglo XX, y trabajaron en él arqueólogos de renombre de diversas nacionalidades, incluso bolivianos y argentinos. Una de las arqueólogas que trabajo en el proyecto se llama, Linda Manzanilla, cuya basta bibliografía versante sobre los lugares arqueológicos más   conocidos del mundo ha torturado por su extensión a Javi en el profesorado de historia.  Yo no sé si aburro con esto, pero las ruinas de Tiawuanaco nos encantaron, cada bajo relieve, cada piedra, tiene un  porqué y una explicación que permite comprender la cosmovisión de hombre que habitaron otro momento de la historia.


















El pueblito de Tiawuanaku, que se extiende junto a las ruinas no está de ninguna forma a la altura de las circunstancias, lo más lindo que tiene es la gente, pero su arquitectura va de los pintorescos edificios de adobe (los menos) a las feas construcciones de ladrillo hueco sin revocar. Los puestos callejeros tienen la gracia y el colorido habitual en el altiplano argentino, chileno y boliviano. 




 Luego de la visita Guiada y de despedirnos de Benigno, regresamos al estacionamiento donde estaban el tráiler y la camioneta. Junto a ellos había una Mitsubishi L300 4x4 (es como un furgoncito) en parte posterior había un mapa de América, y una inscripción que decía de Argentina – Alaska “La Chancha Viajera”  Junto al vehículo vi un muchacho que no superaba los 30 años, me acerque al individuo y le hice la pregunta cuya respuesta sabía ¿Sos argentino? Javí, llego después que yo junto a la camioneta, y cuando escucho el acento de mi interlocutor grito con alegría ¡¡¡Argentinos!!! Patricio, y su mujer Natalia, resultaron ser gente muy macanuda.  Nos contaron su viaje, y como pensaban estaban costeándoselo. Ellos hacer artesanías con retazos de tela que van consiguiendo por el camino. Las carteras que cosen con una máquina de coser que va montada en la Mitsu, les permiten ir haciéndose de dinero para avanzar en el periplo.  Iniciaron el viaje subiendo al norte argentino y cruzaron directamente a Bolivia. Se toman las cosas con calma, ya van tres meses de viaje y van por Bolivia. Compartimos anécdotas y experiencias.  Fue cayendo la tarde, y arreciando el frio, y se nos ocurrió hacer un guiso de lentejas e invitar a comer Patricio y Natalia a nuestro pequeño pero hospitalario trailer. Geral tenía unas cuantas latas de lentejas en conserva, habíamos comprado unas papas, cebollas y zanahorias en el pueblo, pero faltaba algo fundamental ¡La Carne! ¿Sino que clase de argentinos somos?  Yo había estado averiguando en  un restaurante del pueblo, y me habían dicho que habían carneado una vaca , que su carne era fresquita y que después de las cinco de la tarde estaría en la carnicería de la comadre fulana. Como no sabíamos donde quedaba tal comercio, nos dirigimos al restaurante donde estaba la señora informante. Interrogada la mujer  sobre el lugar done debíamos ir sus explicaciones fueron tan poco claras y nuestro entendimiento tan nulo que optó por subir a la camioneta y acompañarnos.  El paradero de la carnicera y la sacrificada vaca era cerca, llegamos en  pocos minutos. La comadre cuchillera resultó ser una típica paisana boliviana, gorda y con su vestido típico. El lugar era pequeño, y no se parecía ni siquiera a las carnicerías de barrio de la Argentina, era un cuartito de adobe con las paredes encaladas y el piso de cemento. Eso sí, tenía la típica cierra circular de las carnicerías (que no andaba)  y un mostrador minúsculo; como única oferta de carne tenía dos medías reses colgadas de una ganchera, una de ellas ya había sido víctima del desposte y no estaba entera. Deduje que cuando ambas medias reces estaban juntas habían conformado la vaca. El tamaño del animal era enorme, sus costillas eran interminablemente largas… Vaca vieja. De nada hubiera servido, la tilinguería de pedir un determinado corte, ya que los nombres y las formas varían de país a país. Entonces opte por decir para que quería la carne. A lo cual la mujer respondió con una pregunta ¿Quiere de la piernita o de la caredita?  Yo pensé… Tate, ti, suerte para mi…. Y respondí : De la piernita. Y ahí fue cuando observe el espectáculo. Algunas veces tuve la oportunidad de ver la destreza criolla que tienen  los carniceros argentinos cuando despostan… el lomo, la nalga, el costillar van desprendiéndose  de la media res a medida que el despostador va dando certeras estocadas con su filoso cuchillo. En cambio lo de la carnicera boliv iana fue una lucha cuerpo a cuerpo con la medía res. Un muchachito la ayudaba forcejear, y la mujer iba desgarrado pedazos  que no parecían pertenecer al mismo corte, con un cuchillo que trabajosamente cortaba. Luego la mujer  munida de una cierra manual continuó la faena. El resultado fue un pedazo de , que tenía algo de osobuco, la cual parecía cortada con un acha.




Portando un kiló y medio de carne, y después de pagar 30 bolivianos partimos al parqueo donde con Geral hicimos el guiso, de más está decir que por mucho que hicimos hervir y que cortamos la carne en pequeños trozos, esta nunca se ablando. Pero el guiso fue sabroso de todos modos. Mientras cocinábamos nuestros amigos tripulantes de la Chancha Viajera jugaban con los chicos al poker apostando fichas de plástico no convertibles en dinero. La cena fue muy grata, miramos fotos y videos, hablamos de nuestros viajes, hablamos de otros viajeros y sus hazañas y nos reímos. Luego de comer seguimos hablando un rato largo, y finalmente cuando el sueño y el frio nos acobardaron, cada uno partió a su cama. El frio que hizo esa noche en Tiawanaku fue horrendo. “Dormimos” vestidos hasta las orejas tapados con mantas de pluma, mientras el vapor del guiso y la condensación de la humedad ambiente se congelaban pegados  en el lado interior de la lona azul del tráiler. Facundo, había comenzado sentir mal estar mientras recorríamos las ruinas con Benigno. Y su estado fue empeorando a largo de la tarde, cuando nos fuimos a dormir comenzó a vomitar. Pobre Facu se pasó toda la noche vomitando visitando a practy poty , temblando de frio y con dolor de panza. De más está decir que todos dormimos muy mal gracias al frío y a la enfermedad de Facu.


Día 38
2 de Junio de 2010 

A la mañana siguiente, preguntamos si había alguna salita médica en Tiawuanacu, y luego de no pocas vueltas dimos con ella. Nos sorprendió gratamente el sencillo pero buen equipamiento del hospitalito. El edificio es nuevo, y forma parte de un plan de salud del gobierno de Evo Morales, que como todo gobierno tiene sus cosas criticables pero también sus cosas buenas. El pueblo Boliviano, esta eternamente postergado y el gobierno de Morales está intentando llevar servicios básicos, salud y educación a la población campesina. De todos modos, es muy difícil para un turista evaluar a un país en profundidad, uno siempre ve la superficie. En fin, a Facu en el hospitalito lo atendieron bárbaro.
Después de ir al hospital, estuvimos un rato con nuestros amigos argentinos. A Patricio le pase todos los points de mi GPSPartimos que marcaban lugares donde  acampar en Bolivia y Perú. Después de charlar un rato enganchamos el tráiler, nos despedimos y partimos a Copacabana, para ello hubo que desandar el camino que nos llevababa a La Paz, y llegar hasta los suburbios de El Alto, y hacer un virage cerrado y peligroso entre las Combis asesinas que me asechaban. De allí no hay muchos kilómetros hasta Copacabana, pero si unas 3 horas porque es camino de montaña.

Al principio el paisaje que ofrece el altiplano se repite, pero faltando unos 60 kilómetros para llegar a Copacabana, las vistas del lago Titicaca son imponentes. El Titicaca del lado Bolivianos es de un profundo color azul, y su vista desde los balcones serpenteantes que ofrece el camino son muy panorámicas y dan una idea cabal del tamaño de lago navegable más alto del mundo. Curvas y más curvas, cuestas y más cuestas hicieron que pareciera que la colorada tirando del tráiler no llegaría nunca más. Una nota de aventura es cruzar el estrecho de Tikina en una balsa tan desvencijada que hace dudar de su capacidad flotatoria con la camioneta, el tráiler y nosotros a bordo. Sin embargo, pagando 60 bolivianos al cabo de un rato estuvimos del otro lado para continuar nuestro camino a Copacabana. El estrecho de Tikina es la parte más angosta del Lago Titicaca, y separa a las localidades de San Pedro de Tikina y San Pablo de Tikina. Ubicadas geográficamente en un entorno natural privilegiado, en eso ambos pueblos tuvieron buena suerte, aunque muy fueron muy desafortunados a la hora del accionar de sus urbanistas. A las últimas horas de la tarde llegamos a la afueras de Copacabana, donde mostramos nuestros ticket de pago de peaje. La Taza de rodamiento estaba cubierta, y no teníamos que pagar nada, pero como la Policia Boliviana de alguna manera te tiene que cagar, nos cobraron una taza municipal (según dijeron) que daba derecho a ingresar al santuario (Pueblo de Copacabana).


 


 









Finalmente llegamos a Copacabana cuando caía el sol. Buscamos hoteles con estacionamiento que nos permitieran acampar (como no hay muchos campings en Bolivia y Perú es muy habitual que dejen a las casas rodantes estar en los estacionamientos de los hoteles, incluso a veces ofrecen muy buenos servicios sanitarios y duchas), pero no conseguimos ninguno. Entonces fuimos con camioneta y tráiler a la Costanera de Copacabana, frente a los bolichichos de chapa que ofrecen trucha en varias formas y algunos otros platos. Salvo el pobre Facundo, que seguía sintiéndose mal por su gastroenteritis y angina, el resto nos dimos el gusto de comer trucha del Titicaca, con papás fritas, arroz y ensalada, y lo mejor de todo a un precio ridículo, $ 18 Bolivianos el plato ($ 10,50 argentinos) Bolivia es muy barato, lamentamos que nuestro el paso por este país sea tan fugaz. Nos quedaremos con  las ganas de visitar muchas cosas de este país, pero todo no se puede. 





































Copacabana es un pueblo muy pintoresco, ubicado en un lugar privilegiado a orilla del Titicaca, tiene algunos hoteles y restaurantes bonitos, hay bolichitos que tienen buena onda. La calle principal que asciende la cuesta hasta la iglesia tiene cierto aire hippy por los personajes extranjeros que la transitan. Abundan las rastras, los pantalones a rayas de todos colores y la bijouterie, pero también están los gringos con ropa deportiva de montaña y sombreros a lo Indiana Jones. Los argentinos trotamundos están mezclados entre la  fauna humana. Conocimos a un chico de Coronel Dorrego, que se dedicaba a entregar folletos y hacer publicidad de un restaurancito; el pibe estaba anclado en  Copacabana porque no tenía guita para seguir al norte, hasta su objetivo… Venezuela. Sin embargo sobrevive sin esforzarse mucho, le dan la comida y unos pocos Bolivianos que le alcanzan para pagar su alojamiento de 6  bolivianos. Nos contó que nos es buena idea hace dedo en Bolivia, porque nadie para, o el que para te dice: ¡Son 20 bolivianitossss! También, entre los vagos argentinos, encontramos a un muchacho que es mozo de la geselinisima  Jirafa Roja, y cliente habitual de El Viejo Hobbit. Cuando uno camina por la callecita más comercial de Copacabana, donde están los restauranticos, las casas de cambio con carteles fluo, los puestos de artesanías y las agencias de viaje no conviene alzar la vista al primer piso, pues allí abundan las paredes de ladrillo hueco sin revocar y la construcción precaria, una constante en Perú y Bolivia. Lo vuelvo a decir Copacabana es muy pintoresco, pero su magnífico entorno natural reclama una ciudad más prolija, más pensada, menos caótica. La iglesia, con características moriscas es una joya admirable y bella; y el lúgubre santuario de las velas  ubicado a un lado del templo, que se desarrolla en una más o menos larga galería con paredes pringadas de hollín y cera, parece ser el mismísimo acceso al purgatorio.

Día 39
3 de junio de 2010
Como la idea era esperar a que Facundo se mejorara, nos dedicamos a profundizar el paseo por Copacabana… nuevamente la callesita de los restaurantes, el encuentro con el argentino de Coronel Dorrego, y el paseo de compras de Geral y Javi por los puestos de artesanías. Tuvimos la oportunidad de recorrer el mercado cercano a la iglesia y ver su modo Sui Generis de manipular los alimentos. Por las frutas y verduras, no hay problema, incluso dan una nota pintorescas al complementarse con los trajes típicos de las cholas. Pero el tratamiento de carnes, lácteos y fiambres, da miedo. Sin embargo, compramos unas chuletas de cerdo (cortadas de otra forma que en la Argentina) que resultaron más cartílago, grasa, hueso y nervio que carne, pero no nos originaron ningún desarreglo intestinal.
Tomamos varias cervezas en los puestitos que estaban enfrente al tráiler y comimos varias porciones de papás fritas en el mismo lugar. También observamos a los bolivianos más acomodados que llegaban a pasear con sus camionetas 4x4 provenientes desde La Paz y aprovechando el feriado. Los bolichitos ubicados en la cuadra frente a la costanera donde vivaqueamos se llenaron de nacionales. Y los puesteros nos pidieron que corriéramos camioneta y tráiler, para permitir estacionar a los comensales. Negociamos para correr solamente la camioneta, pues correr el tráiler tenía sus bemoles. Incluso le sugerí a algunos que llegaban con sus camionetas que tuvieran la amabilidad de estacionar en 45 grados para que entraran más autos. En un par de ocasiones me miraron de arriba abajo con desdén sin dignarse a contestarme.  Salvó un señor muy amable, que embullía con su mujer sendas truchas dentro de su camioneta, el resto no me cayó muy bien. De todos modos la muestra es insuficiente para que yo haga una tesis sobre la clase social alta de Bolivia.






Después de comer fuimos Javi, Geral, Martín, Geral y yo a andar en unos botes con forma de Cisnes que tienen pedales para propulsarse. El lago estaba bastante picado, y nuestra embarcación se movía bastante, y daba la sensación que se iba dar vuelta cuando la poníamos paralela a las olas. Mi poca habilidad para nadar me produce mucha inseguridad en esas situaciones.  Geral también mostraba cierto temor, pero estaba más tranquila. Transcurrida la media hora, quisimos volver al embarcadero donde una chola nos había alquilado el cisne a pedal, pero resulta  que el timón se trabó. Gracias a Javi que utilizó sus manos de remo, pudimos volver a la tierra. Pero antes de que eso sucediera estuvimos otra media hora boyando a la deriva por el Titicaca.
Compramos los boletos para ir al otro día a la excursión de la isla del sol. Pero Facu no mejoraba nad , y seguía sintiéndose muy mal a pesar de todo lo que la habían pinchado el culo en Tiwuanaku. A la noche tuvimos que ir nuevamente al hospital, pero esta vez a  Copacabana, donde le volvieron  a pinchar el culo a Facu, el médico que lo atendió le diagnostico gastroenteritis y verificó que la angina era con placas. Entonces hubo refuerzo de antibióticos, e incorporación a la dieta de otros elementos además del arroz que venía comiendo. Pues Facu, ahora podía comer manzana rallada, banana pisada y gelatina, pero no tenía nada de ganas.
Día 40
4 de junio de 2010.
Suspendimos la excursión a la Isla del Sol, porque Facundo iba de mal en peor, entonces renegociamos los boletos para el día siguiente. El traslado en barco ida y vuelta a la isla del sol cuesta 20 bolivianos por personas, nosotros tuvimos que pagar 20 más para renovar los boletos para el día siguiente. Habíamos pedido unas truchas en el puesto Nro 20 “Titicaca Sagrado”, para llevar como vianda a la Isla del Sol, pero como no fuimos ese día optamos por desayunarlas. Es sin duda muy apropiado comerse una trucha a las 8 de la mañana.
Fuimos a la estación de servicio que hay en la entrada del pueblo, para cargar combustible. Cuando llegue, los playeros no se dignaban a salir de la oficina. Entonces, el que se digno a ingresar a la misma fui yo. Pregunte si había diesel (si decís gasoil no te entienden, piensan que es nafta por la asociación que hacen con la palabra gasolina). Primero me dijeron que no había, pero cuando me estaba yendo me dijeron que quizás podían salvarme. Que no tenían en el grifo (surtidor) pero que tenían unos bidones para venderme a 3,80 bolivianos x litro, ese es el precio habitual, el combustible es más barato que en Argentina. Yo dije compraba, que estaba bien. Entonces me dijeron: A ver espere, el precio ha subido… 6,80… Es precio internacional. Yo les pregunte si me veían cara de pelotudo, y los trate de ladrones. La conversación termino mal y me fui sin gasoil con el tanque casi vacío. Estaba con una calentura que me moría, y la estación más cercana distaba a 40 kilómetros. No había cargado en el camino confiando en la estación de Copacabana.
Bajamos al pueblo, y yo me devanaba los sesos para solucionar el problema del combustible. Empecé a preguntar y nadie sabía dónde podía conseguir gasoil. En una de esos leo un cartel que decía “Lubricantes, combustibles”. Era un localsito insignificante, en una esquina. Me atendió una niña, y cuando le pregunte si había gasoil, me dijo que sí. Compre un vidon de 20  a 5 bolivianos por litro. Era caro, pero el precio se equiparaba con el de Argentina.
El día se presentó radiante, el sol brillaba. El lago estaba planchadito. Javi, Geral y Martín aprovecharon el buen precio del alquiler de kajak para navegar por el Titicaca. Volvieron contentísimos. Yo confieso que me sentía decaído, y que tenía cagaso de darme vuelta con la canoíta en las aguas heladas y profundas del lago.
El resto del día no hicimos, nada que no hubiéramos hecho antes en Copacabana antes.